Laura Di Marco
Para LA NACION
"El peligro frente a todo derrumbe económico es dejarse dominar por
el peligro inmediato y olvidarse de aprovechar las grandes
tendencias. De esta crisis surgirá un capitalismo mucho más humano",
dice el economista y diplomático brasileño Rubens Ricupero en una
entrevista con La Nacion en Buenos Aires. Vino al país para dar una
conferencia en el marco del Capítulo Argentino del Club de Roma,
organización que promueve un crecimiento sustentable para la
humanidad.
Al referirse a la crisis económica mundial, Ricupero sostiene que
esta vez América latina no es parte del problema, sino de la
solución. Y añade que en el mediano plazo a la Argentina se le
abrirán extraordinarias oportunidades frente a un mundo con escasez
de alimentos y tierras fértiles. Y que el país debe aprovechar esa
ventaja estratégica.
Reconocido diplomático, Ricupero ocupó la secretaría general de la
Unctad (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y
Desarrollo) durante casi diez años, de 1995 a 2004. Ese fue su
último cargo oficial.
Como ministro de Economía de Brasil, cargo en el que sucedió a
Fernando Henrique Cardoso, fue el artífice del Plan Real, el
programa de estabilización económica lanzando en 1994. Testigo
privilegiado de la historia reciente, hoy tiene 72 años y se declara
entusiasmado con Barack Obama. En su extensa carrera diplomática, a
lo largo de 40 años, se desempeñó como embajador de su país en los
Estados Unidos y en Italia.
-¿Qué cree que ha pasado en el mundo para que Estados Unidos
tenga un presidente negro; Brasil, un obrero metalúrgico, y Chile y
la Argentina, dos mujeres en el poder?
-Los últimos cien años se dividen en dos mitades. Durante la primera
mitad, tuvimos el auge de las ideologías absolutas, de tipo
totalitario, tendientes a controlar la vida ciudadana, con una
herencia de sufrimiento, genocidio y dolor. En los últimos 50 años,
en cambio, hemos visto un progreso más gradual, lleno de avances y
de retrocesos, pero dirigido por cuatro ideas fuerza: los derechos
humanos, que incluyen acabar con el racismo; la preocupación por el
medio ambiente; la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y
la promoción de un desarrollo más equitativo. En cuanto a la
elección de Obama, es una suerte para el mundo, y no sólo para los
Estados Unidos.
-¿Por qué cree que Obama es una suerte?
-Porque, guste o no, Estados Unidos es un país clave, y Obama es un
líder creativo, capaz de conectar la crisis financiera con el
problema social y con el conflicto energético, vinculándolo, a su
vez, con el cambio climático y, finalmente, con los conflictos
internacionales que afronta Estados Unidos. Hay un peligro muy
potente en toda debacle, que es concentrarse sólo en los daños
inminentes y olvidarse de los ciclos largos. Obama, en cambio, está
teniendo la inteligencia de interconectar todo, y justamente está
siendo criticado por eso, por quienes consideran que sólo debería
ocuparse del frente económico. En mi opinión, Obama está en lo
correcto. Le explico: una de las razones de la crisis financiera es
el aumento de la desigualdad. Los sueldos han estado estancados
durante décadas en los Estados Unidos, y la gente ha tenido que
endeudarse para seguir consumiendo. El sistema financiero, entonces,
ha pasado de ocupar el 10 por ciento de la economía al 50 por ciento
actual, en detrimento de la producción. Por otra parte, la causa de
los grandes conflictos internacionales, en los países islámicos,
encuentra su raíz en la pobreza, la ignorancia y en la frustración.
Mientras Somalía o Sudán sigan miserables, seguirán siendo caldo de
cultivo para nuevos terroristas.
-¿Qué quiere decir cuando compara la crisis mundial con la luz de
una luciérnaga?
-Que es un hecho espectacular, pero rara vez marca una tendencia; un
camino. Por ejemplo, hay una tendencia que desplaza el eje económico
hacia China y la India, y eso no varía con la crisis. Si nos
centramos en la agenda inminente, tenemos la crisis económica, el
problema de Corea del Norte y la islamización de las amenazas. Pero
si vamos a las grandes tendencias globales, siguen ahí los problemas
de fondo: la explosión demográfica, la desigualdad, la consecuente
demanda de alimentos. Causas, soluciones y oportunidades: todo
interconectado.
-¿Habrá más o menos capitalismo después de esta crisis?
-¿De qué capitalismo hablamos? Porque hay muchos. Creo que lo que no
funcionará más será el fundamentalismo de mercado. Pero el
capitalismo, con el régimen democrático, puede encarnarse de
distintas maneras. Roosevelt, creo yo, ha salvado al capitalismo
norteamericano, pese a que el neoliberalismo lo deteste. Y Obama
puede jugar el mismo papel, devolviéndole una función más humana.
Obama puede terminar de construir la democracia social, completando
la tarea que inició Lyndon Johnson cuando creó los derechos civiles.
Ahora hay 50 millones de norteamericanos que carecen de toda
protección sanitaria, si se enferman. Es una locura.
-Hay quienes dicen que la Argentina y Brasil, igual que China o
Sudáfrica, van salir antes y, además, fortalecidos de esta crisis.
¿Está de acuerdo?
-Bueno, eso ya lo estamos experimentando. América del Sur ha sido
menos afectada que Japón y los países europeos. Y aquí debemos tener
en claro algo esencial: esta vez, nosotros no tuvimos la culpa, a
diferencia de otras crisis que empezaban en las economías
emergentes. Esta, en cambio, es una crisis refleja, importada. No
hubo corridas financieras. No nos olvidemos de que muchos bancos
norteamericanos han desaparecido. Esta vez, América del Sur no sólo
no es parte del problema, sino que puede ser parte de la solución.
Ninguno de nosotros le está pidiendo plata al Fondo. Ya sólo por eso,
no estamos contribuyendo al agravamiento de la situación.
-Pero la gente consume menos y eso genera recesión...
-Sí, pero tenemos que ver la tendencia en el largo plazo. Nosotros
somos una de las poquísimas oportunidades en materia de alimentos.
En las próximas décadas, ¿quién va a tener alimentos para abastecer
a una humanidad que pasará de los 6800 millones actuales a nueve o
diez mil millones para 2050?
-La Argentina siempre es mencionada por compradores potenciales
de tierras, que buscarían garantizarse el suministro de alimentos en
el futuro. ¿Eso es bueno o es malo?
-Habrá que acompañar ese proceso con mucho cuidado. Arabia Saudita
tiene millones de dólares para hacer inversiones en países con
tierras disponibles. Pero lo importante es ver que este contexto ha
llegado para quedarse y que la Argentina no debe contentarse con
poco. La oportunidad está en la exportación de alimentos y de
materias primas minerales. Pero a eso hay que agregarle valor con
tecnología. Es mejor exportar alimentos preparados que granos.
-El Mercosur parece estancado ¿alguna pista del motivo?
-Creo que es por falta de imaginación. No se han armado, como en
Europa, consorcios binacionales de inversión. También faltó una
política de integración con los servicios, en muchos rubros, como
los bancarios, consultorías, restaurantes, hotelería y turismo. De
ambos lados, se han concentrado en ideas ilusorias, como un
parlamento latinoamericano, que está bien, pero no resuelve la
integración económica. Buenas ideas existen. Lo que falta es apoyo
político, acompañamiento y creatividad.